12/10/2009

The cake


Advertencia: La siguiente entrada puede ser no apta para lectores sensibles.
Se recomienda discreción.


Esta es la cuarta crónica de metro, contada de generación en generación por los habitantes de... pues... los habitantes del metro (en realidad sólo me la contaron), disfruten.

Pues bien, esta historia me fue contada, repito, contada, no tengo la certeza de su veracidad ni tengo la inquietud por confirmarla.

Resulta que la linea 3 del metro (si, esa que utilizan muchas personas diariamente, esa donde la balacera), pues muchos universitarios suelen ocuparla para llegar a C.U. y en una de esas conversaciones entre clase y clase, un compañero comento algo sobre los olores del metro, entonces otro compañero contó una vivencia, algo que al principio no supe como reaccionar... algo que creí imposible (quizá lo sea)...

Este compañero contó lo siguiente:

"Un día, cuando venia para acá, pues ya todo mundo iba sentado no había mucha gente, entonces en una estación se subió una indigente acompañada de otra persona, esta mujer iba vestida con una falda larga y amplia, y pues si se veía mugrosa pero no pensé que fuera a hacer lo que hizo... entre estación y estación de pronto se puso en cuclillas y empezó a hacer sonidos raros, en las manos llevaba papel celofán, no sé para qué pero sólo lo arrugaba y lo extendía... de pronto comenzó a oler muy mal... todo el vagón empezó a apestar, al menos del lado donde iba, un sujeto que iba dormido sentado en el asiento pegado al final del vagón hasta se despertó y se cambio de lugar... cuando llegamos a la siguiente estación la indigente sólo se levanto y se fue, y en el piso había un mojón... pero mojón enorme... cerca de la puerta, y apestaba..."

Después de esas palabras mi expresión se torno entre asco y repugnancia... y después discutimos que infortunio de la persona que le toco limpiar ese "pastelito"...
Recuerden que pueden enviar su material a la dirección de correo electrónico que aparece donde dice contacto aquí.

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